Dieciocho meses antes de su prevista entrada en la Unión Europea (UE), los búlgaros, convocados ayer a las urnas para elegir una nueva Asamblea Nacional, dieron su apoyo mayoritario a la opositora Coalición por Bulgaria que lidera el Partido Socialista (PSB, excomunista). Según los datos de la Comisión electoral central, el PSB, liderado por Seguei Stanichev, se alzó con la victoria que ya habían anunciado las encuestas. El PSB, heredero del partido comunista que gobernó el país durante 45 años, ganaba anoche con el 31,44% de los votos, con el 64% escrutado. Y el conservador Movimiento National Simeón II, el partido del primer ministro saliente, Simeón de Bulgaria, tenía el 21,11% de los sufragios. La sorpresa de esta consulta es la aparición de un partido xenófobo, Ataka (Ataque en búlgaro), que con el 8,69% de los votos entrará a formar parte de la Cámara. "Hemos ganado las elecciones, pero los resultados no son satisfactorios", dijo anoche el diputado socialista Rumen Petkov. Según las encuestas, el PSB se quedaría con 85 escaños en un Parlamento de 240 y, por tanto, necesitaría de otras fuerzas para gobernar.
CAMBIO DE ALIADO El Movimiento para los derechos y las Libertades (MDL), el partido de la minoría turca que ha gobernado en coalición con Simeón II, consiguió el 9,54% de los votos y anunció que está listo para apoyar a los excomunistas, aunque tendrían que buscar otro aliado. La participación electoral fue muy baja, sólo un 53,48% del censo, y provocó que de los 22 partidos que se presentaron a los comicios, siete tengan representación parlamentaria. Observadores del Consejo de Europa estuvieron presentes en numerosos colegios para dar fe de la limpieza de la consulta.
CITA CON EUROPA EN EL 2007 Bulgaria debería ingresar en la UE en el 2007 si logra cumplir las condiciones impuestas para su admisión, de las que aún está lejos. El Gobierno de Simeón ha obtenido algunos éxitos económicos al reducir el desempleo del 19% al 12% con medidas de austeridad para contener el gasto. Sin embargo, el avance en la lucha contra la corrupción y el crimen organizado ha sido infructuoso. El líder socialista, Serguei Stanichev, tiene como objetivo prioritario conseguir "un Gobierno socialmente responsable que realice el cambio necesario para acelerar la entrada del país en la Unión Europea".
Un partido racista entra en el Parlamento de Bulgaria: 20 a 22 diputados
La oposición socialista búlgara, que agrupa a los comunistas, no descarta aliarse con el centro-derecha y la minoría turca para formar un gobierno que hará entrar el país en la Unión Europea (UE) en 2007, tras ganar las elecciones legislativas celebradas el sábado. Por otra parte, los búlgaros constataban atónitos este domingo que, por primera vez en su historia reciente, entrará en el Parlamento un partido xenófobo y racista.
Ataka (Ataque en búlgaro), una coalición extremista, racista y hostil a las minorías turca y gitana que representan cada una el 9% de la población contará con entre 20 y 22 diputados.
El Partido Socialista (PSB), heredero del Partido Comunista que ha dirigido el país durante 45 años y que logró sólo 31,17% de los votos según los últimos datos oficiales, multiplicaba sus llamadas a sus dos posibles socios para una mayoría.
La unidad nacional debe prevalecer para resolver los problemas de Bulgaria, que debe dar una imagen de país estable antes de entrar en la UE, declaró ayer Rumen Petkov, el vicepresidente del PSB.
Tras reivindicar el sábado la victoria de su partido, el líder del mismo, Serguei Stanichev, dijo estar dispuesto a entablar consultas con todas las fuerzas políticas democráticas.
¿Quiéres conocer algo mas sobre el partido racista bulgaro Ataka?
Según las encuestas de opinión, los búlgaros buscan el centro político desde la caída del comunismo, lo cual no contradice que una mayoría considere la época comunista como positiva porque significó la modernización del país. Este último aspecto explica en parte el triunfo de Ataka, con unas raíces simbólicas más en la extrema izquierda que en la ultraderecha, capaz de unir a jubilados nostálgicos y jóvenes rapados. Sin embargo, sus fundadores son auténticos camaleones. La sede de Ataka, cerrada ayer tras la resaca electoral, parece provisional, en un edificio ruinoso de un callejón del centro.
Ognan Saparev fue socio fundador de la UFD y, en la última legislatura, diputado socialista, pero esta vez no le pusieron en las listas. El biólogo Petar Berón también fue de los primeros en la UFD. Promovido al frente del partido cuando Jeliu Jeliev accedió a la presidencia de la república, en 1990, tuvo que dimitir al ser denunciado como ex agente de los servicios de inteligen-cia. Hoy, Beron dirige el museo de historia natural de Sofia. El jefe de Ataka, Volen Siderov, dirigió el diario de la UFD y fundó luego con Beron la Unión de Fuerzas Patriótica. Estela Bankova fue expulsada por Simeón de su partido y siguió como diputada independiente.
El resentimiento les ha dado olfato para explotar las flaquezas de los empobrecidos búlgaros por una vía antes intocada en el país, donde la convivencia con las minorías siempre fue normal, salvo por la expulsión de 300.000 turcos en los últimos tiempos del dictador Todor Jivkov en una extraña maniobra política. La mayoría regresaron. Siderov ha insistido desde su púlpito de Skat TV, una cadena por cable (muchos búlgaros disponen de ella) en que la televisión nacional debe dejar de emitir espacios en turco.También dice que "las bandas de gitanos aterrorizan a los búlgaros". Para él, el partido de los turcos y el de Simeón son "mafia política". Los socialistas, tan sólo "incapaces".
LA VANGUARDIA DIGITAL FÉLIX FLORES - 27/06/2005 SOFIA. ENVIADO ESPECIAL
Es la mujer que más dinero gana en EEUU. La más poderosa. Cuando recomienda un libro en su programa, las listas de ventas sufren un cataclismo. Sin embargo, para la exclusiva firma francesa Hermés, Oprah Winfrey no es más que una clienta a la que se puede dejar a las puertas de su establecimiento parisino. Los hechos ocurrieron la semana pasada, Winfrey intentó entrar en la tienda pero no se lo permitieron alegando que se celebraba una fiesta privada. "Lamentamos no haber podido atender a Oprah Winfrey para darle todo la atención y servicio que Hermés está comprometida a dar a cada uno de sus clientes en el mundo", afirma un comunicado emitido por la casa francesa. La versión de la presentadora (foto) es diferente. "Había gente comprando en la tienda y no se le permitió entrar", dijo Gayle King, una amiga de Winfrey que presenció el incidente, en el programa televisivo Entertainment tonight. La diva, que dice sentirse humillada, ya ha anunciado que no volverá jamás a Hermés.
El semanario de izquierdas francés Politis imaginaba en su última edición la publicación de un anuncio en esos términos: "Francia busca hombre o mujer, de 30 a 35 años, indispensable experiencia, francés e inglés necesarios, perfecto estado de salud y con carnet de conducir. Diplomas: informático, enfermera, electricista. Religión: cualquiera mientras sea invisible . Billete de regreso garantizado. Contacto: Ministerio de Interior". Era, obviamente, un anunció inventado, pero que, según Politis, "resume la nueva política de inmigración francesa". Se trata de una "inmigración elegida", según los términos empleados por el ministro de Interior, Nicolas Sarkozy, que no ha precisado todavía los criterios de esta selección. Sarkozy sí que ha dejado muy claro que los inmigrantes que no se ajusten a las normas exigidas serán "expulsados". Y para que no quepa ninguna duda, ha fijado como objetivo aumentar en un 50% las expulsiones de los inmigrantes sin papeles.
Caballo de batalla electoral Consciente de que la inmigración es un tema que sigue desatando todo tipo de pasiones, Sarkozy lo ha convertido de nuevo en el caballo de batalla para las próximas elecciones. Renunciando a la ilusión de una "inmigración cero", ha optado por el pragmatismo de una "inmigración elegida", término que cuenta incluso con la bendición del primer ministro, Dominique de Villepin, oficialmente hostil a la idea de imponer cuotas para la entrada de inmigrantes. Pero sin embargo, de eso se trata, tal y como lo han denunciado ya los partidos de izquierdas y las asociaciones de defensa de los derechos humanos en Francia. Oficialmente, se trata de "controlar los flujos migratorios". En realidad, no es más que "una solución fácil para importar la mano de obra extranjera en base únicamente a las necesidades de la economía francesa", tal y como denuncian los sindicatos. "Las cuotas profesionales ignoran voluntariamente los intereses de los países pobres o emergentes, que se ven desposeídos del personal cualificado indispensable para salir de la miseria y que mantiene bloqueados a estos países en un dramático subdesarrollo", reconocen los expertos. El ministro francés no ha precisado aún los criterios por los que autorizará la entrada en Francia de los nuevos inmigrantes (sexo, edad, orígenes, diplomas, motivaciones del exilio (política o económico), reagrupación familiar o proyectos profesionales y personales).
Poco personal sanitario Se trata de una política compleja y de administración complicada. Sobre todo si se tiene en cuenta que hay actualmente en Francia penuria de médicos y personal sanitario, mientras que numerosos estudiantes extranjeros en estos sectores encuentran grandes problemas para trabajar. También se debe tener en cuenta que los sin papeles que trabajan no consiguen regularizar su situación. Entre el 2002 y el 2004, las expulsiones de inmigrantes en situación irregular aumentaron un 72%, según declaró hace unos días el propio ministro de Interior, que considera sin embargo necesario que "estos resultados sean consolidados". Por ello, Sarkozy considera que antes de hacer venir a los inmigrantes adecuados, es decir elegidos, hay que seguir haciendo limpieza y expulsar a los que no se ajustan a los criterios seleccionados. Según Sarkozy, esto supone aumentar el 50% las expulsiones, que deberían alcanzar este año las 23.000 personas, y pasar de "una inmigración impuesta a una inmigración elegida".
División de los socialistas Se trata, según Sarkozy de "privilegiar un inmigración laboral" fijando "categoría por categoría" los objetivos de "los flujos migratorios que se pueden aceptar". El concepto de "inmigración elegida" es objeto de un amplio consenso entre la derecha francesa mientras que la izquierda, especialmente los socialistas, aparecen de nuevo divididos sobre la cuestión y no acaban de pronunciarse. Un informe de Malek Boutih, antiguo responsable de SOS Racismo, aboga también por "una nueva política de inmigración" basada en la instauración de cuotas para los flujos migratorios. Sobre esta cuestión, las instancias socialistas han preferido hasta ahora evitar debates y discusiones.
Estábamos contentos porque la Guardia Civil había dejado un poco de maltratarnos, creíamos que había un cambio, pero es peor ahora porque el trabajo se hace en un país sin derechos humanos, aquí ni podemos denunciar nada. Todo ha empeorado desde que el rey de España ha venido a ver al otro rey; ahora que son tan amigos nosotros somos las víctimas de los dos gobiernos. Este testimonio, perteneciente a un inmigrante subsahariano que fue rechazado en la frontera ceutí, forma parte de un informe de la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA) y SOS Racismo, y representa en su dimensión más dramática y cotidiana, la evolución de la política sobre control de personas de la Unión Europea. Una tendencia que busca desplazar las actuales barreras de la Unión a los países vecinos, y delegar en sus gobiernos la gestión de un asunto que en los foros europeos corre parejo a la lucha contra el terrorismo. El Programa de la Haya, documento marco que fue aprobado el pasado 3 de marzo y regirá el devenir de la Unión durante los próximos años resulta claro al respecto: el Consejo Europeo pone de relieve la necesidad de cooperación intensificada y de creación de capacidad, tanto en las fronteras meridionales como en las orientales de la UE, para permitir que estos países gestionen mejor la migración y proporcionen protección adecuada a los refugiados. Mohamed VI ha entendido todo esto a la perfección y lo utiliza hábilmente como lanzadera hacia el mercado europeo, sabiendo que mientras Marruecos se dote de mayor capacidad de contención de la inmigración y del terrorismo, Europa hará la vista gorda ante determinados asuntos de índole interno. En la histórica visita que Juan Carlos I realizó en enero al país vecino, el monarca alauita solicitó más dinero para ejercer su tarea de estado tapón y sólo una semana después, el Gobierno de Zapatero le dio cumplida respuesta, a través de los secretarios de Estado de Seguridad e Inmigración, Antonio Camacho y Consuelo Rumí, respectivamente. En rueda de prensa conjunta celebrada en Rabat, anunciaron la intención de ayudar a Marruecos a implantar a lo largo de su costa y fronteras interiores un sistema similar al SIVE español, así como a mejorar los instrumentos de coordinación entre las dos monarquías. Camacho aseguró que España y Francia pretenden liderar un programa de la UE dotado con 40 millones de euros procedentes de los fondos MEDA, que permita a Marruecos dotarse de medios tecnológicos para la detección de la inmigración irregular subsahariana que transita por su territorio. Los MEDA constituyen el principal instrumento de financiación de la cooperación euromediterránea y representan el activo fundamental del Proceso de Barcelona, que desde hace 10 años tiene como objetivo teórico impulsar el desarrollo político (democrático) y económico (a través de la creación de Zonas de Libre Comercio) de los países de la ribera Sur del Mediterráno y el Medio Oriente. La colaboración entre España y Marruecos en materia de gestión de flujos migratorios no ha cesado de intensificarse en los últimos años, como muestran los actuales programas de patrullas conjuntas entre la Guardia Civil y la Gendarmería o la firma en 2002 del Acuerdo de buena vecindad que contempla la devolución a territorio marroquí de todos los migrantes llegados en patera a las costas españolas desde Marruecos. Fruto de esta relación, afirmó Rumí en Rabat, el número de personas indocumentadas que en 2004 trató de llegar a España disminuyó un 18% en la Península y un 10% en Canarias. Pero, ¿a costa de qué? Derechos humanos El 24 de febrero de 2004 el Gobierno del PP fletaba en Fuerteventura el primer charter de subsaharianos sin papeles con destino a Marruecos, saltándose todos los pasos previos que prevé el derecho internacional. La policía trasladó a 30 personas hasta el centro de internamiento de El Aaiun, sin haberles siquiera interrogado sobre su identidad, origen o causas por las que huyeron de sus países. Alcanzaron el territorio europeo, fueron detenidos y automáticamente expulsados. Un hecho que dista mucho de ser aislado, y que se repite a diario en las fronteras terrestres de Ceuta y Melilla, a menudo acompañado de malos tratos por parte de las policías de ambos lados de la frontera, tal y como han denunciado en reiteradas ocasiones organizaciones de derechos humanos y que es de conocimiento del Defensor del Pueblo español y de la propia ACNUR. Tras ser expulsadas y una vez en territorio marroquí, el destino que les espera a estas personas no es nada esperanzador: o bien son detenidas por la policía alauita y recluidas en centros de internamiento hasta ser expulsados del país a través de Argelia o Mauritania, o bien buscan refugio en alguno de los campamentos donde malviven cientos de personas para volver a intentarlo de nuevo. Pero tras la aprobación, hace unos meses, de la nueva Ley de Extranjería alauita, que en palabras de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos reduce al inmigrante irregular a un estatus de delincuente y permite su expulsión en menos de 48 horas, estos campamentos han dejado de ser seguros. Por citar dos de los casos más sonados de los últimos meses, el 16 de enero 1.200 miembros de las fuerzas del orden marroquíes desalojaron el campamento del monte Gourugou, próximo a Melilla, deteniendo a decenas de subsaharianos, y lo mismo sucedió en diferentes jornadas de febrero, marzo y mayo en el bosque de Belyounech. En la última gran redada, los inmigrantes que se encontraban en este bosque vecino a Ceuta fueron acosados por gendarmes y militares marroquíes durante cinco días, que tras destruir sus tiendas de campaña y otras pertenencias detuvieron a más de 200 personas. De los migrantes detenidos en Marruecos, una parte son trasladados a prisiones como la de Tetuán, pero la gran mayoría (el 80% según diversas fuentes) son deportados en condiciones infrahumas a la ciudad fronteriza de Oujda y dejados a su suerte en territorio argelino. Una vez allí, si no son interceptados por la gendarmería argelina y llevados a uno de los temibles campos de internamiento del Sur del Sahara, previa expulsión a Mali, Mauritania o Níger, y les queda alguna fuerza y ánimo, tratarán de regresar sobre sus pasos para intentar alcanzar de nuevo El Dorado español.
Un juez del estado de Misisipí ha condenado este jueves al ex miembro del Ku Klux Klan, Edgar Ray Pillen, a 60 años de prisión por tres asesinatos cometidos en 1964. El acusado, de 80 años, escuchó impertérrito desde su silla de ruedas la sentencia que implica que terminará sus días en prisión. El pasado día 21, un jurado formado por nueve blancos y tres negros decidió que Killen era culpable de homicidio. El veredicto coincidió con el 41 aniversario del asesinato de los tres jóvenes que promovían el registro de negros en el sur de Estados Unidos para que votaran: Michael Schwerner, Andrew Goodman y James Chaney.
La película Arde Misisipí difundió la historia de Edgar Ray Pillen, un pastor religioso cabecilla local del grupo racista blanco Ku Klux Klan (KKK) que durante décadas aterrorizó las comunidades negras de los estados del sur de Estados Unidos. En 1967, Pillen fue absuelto de esas muertes después de que un jurado fuese incapaz de llegar a un acuerdo.
En este juicio, el juez Marcus Gordon ha dicho a Killen, antes de pronunciar la sentencia, que "cada una de las vidas de los tres jóvenes tiene el mismo valor para la sociedad" y por eso aplicó el castigo máximo de 20 años en cada caso. Gordon también advirtió de que no debería haber amenazas ni represalias contra los miembros del jurado que actuaron en este caso, uno de los más controvertidos del estado, por un crimen que galvanizó la lucha por los derechos civiles hace cuatro décadas.
Los crímenes
El 21 de junio de 1964 los tres jóvenes fueron detenidos por la policía local por una infracción de las leyes de tránsito. Posteriormente, fueron dejados en libertad en medio de la noche y poco después fueron capturados por un grupo de hombres entre los que había policías y miembros del KKK. Cuarenta y cuatro días más tarde, los tres cadáveres aparecieron bajo un dique de tierra con heridas de bala.
Schwerner, de 24 años; Goodman, de 20, y Chaney, de 21 años (los dos primeros blancos y el tercero negro), habían llegado a Filadelfia, en Misisipí, desde Nueva York en lo que se denominó el "verano de la libertad", cuando miles de activistas del norte del país fueron al sur en campañas para registrar a los negros para que votaran.
El tribunal militar de La Spezia (norte de Italia) condenó ayer a cadena perpetua a los diez imputados por una matanza perpetrada por militares nazis en 1944, cuando 560 italianos fueron asesinados en la localidad de Sant'Anna di Stazzema. Los condenados son diez antiguos miembros de las SS, todos ellos alemanes y, en la actualidad, mayores de ochenta años. Ninguno de los condenados se encuentra en Italia ni ha asistido al juicio, por lo que la condena se ha emitido en rebeldía, una posibilidad contemplada por la legislación italiana. Los hechos juzgados se produjeron el 12 de agosto de 1944, cuando los militares de las SS mataron a 560 civiles de todas las edades con disparos de ametralladora y bombas de mano, para después amontonar sus cadáveres junto a la iglesia de Sant'Anna y quemarlos. Sólo uno de los condenados confesó haber participado en la matanza, el cabo Ludwig Goering, quien admitió haber fusilado a una veintena de mujeres.
La sentencia fue acogida con emoción y aplausos por parte de buena parte de los presentes en la sala, entre ellos el alcalde de Sant'Anna, Michele Sillicani, que mostró su satisfacción y "gratitud" por la decisión del tribunal. "Después de 61 años se ha hecho justicia", señaló el alcalde.
James Chaney, Andrew Goodman y Michael Schwerner (un negro y dos blancos) eran militantes de derechos humanos que se dedicaban, en el verano de 1964, a la difícil y peligrosa tarea de registrar electoralmente a negros en los condados del sur en los que la segregación, el racismo y los poderes locales estaban por encima de las leyes. El 21 de junio (ayer hizo 41 años) los tres jóvenes desaparecieron en un pueblo de Misisipí. Gracias al celo de algunos policías del FBI, 44 días más tarde sus cuerpos fueron descubiertos, con señales de los golpes y los disparos recibidos. Hace 17 años, la película Arde Misisipí, dirigida por Alan Parker, llevó el drama a las pantallas. Ayer, en la sala de un juzgado de la ciudad de Filadelfia, en Misisipí, un jurado de nueve blancos y tres negros decidió que Edgar Ray Killen, de 80 años, es culpable de homicidio, un punto intermedio entre la conspiración para el asesinato que reclamaba la acusación y lo que mantenía la defensa: ausencia de pruebas que situaran a Killen en la escena del crimen.
El condenado, en una silla de ruedas por un accidente laboral sufrido hace años y con tubos de oxígeno en la nariz, escuchó imperturbable el veredicto; su mujer le ofreció palabras de consuelo. La sentencia implica un máximo de 20 años de cárcel.
Killen, que en 1964 trabajaba en un aserradero y era predicador -y miembro del Ku Klux Klan en los ratos libres- ya fue juzgado en 1967. A diferencia de este proceso, iniciado a instancias del Estado de Misisipí y con una acusación de triple asesinato, hace 28 años se trató de un juicio federal por violación de derechos humanos. Aquel jurado se bloqueó, porque uno de sus miembros -todos blancos- dijo que le era imposible condenar a un predicador. Otros siete acusados fueron condenados a penas inferiores a seis años. Los testimonios de los testigos que ya han fallecido han sido empleados ahora.
En el verano de la libertad de 1964, Schwerner, de 24 años, Goodman, de 21 (los dos de Nueva York) y Chaney, de 21 y nacido en Misisipí, estaban en el condado de Neshoba. Al tiempo que trataban de vencer los recelos -ampliamente justificados- de los negros para inscribirse en el censo electoral, se preocuparon por el incendio intencionado de una iglesia. Fueron detenidos de noche por la policía local, por exceso de velocidad, y luego puestos en libertad. A la salida de la comisaría, un grupo del Ku Klux Klan que sabía dónde estaban y a qué hora iban a abandonar las dependencias policiales, les siguió. Testimonios de participantes en la emboscada indicaron que Killen planeó la operación y el asesinato.
Ayer hubo aplausos y lágrimas de emoción. El veredicto dejó una sensación agridulce: logró la tranquilidad de espíritu que, especialmente en Estados Unidos, produce un fallo así en las víctimas, porque cierra un asunto pendiente, pero quedó claro que la justicia llega muy tarde, como dijo el fiscal: "A estos tres chicos y sus familias les robaron todas las cosas de las que Killen ha podido disfrutar en estos 41 años".
Rita Bender, la viuda de Michael Schwerner, dijo que era "un día muy importante", pero también recordó que "Killen no actuó en el vacío. El Estado de Misisipí fue cómplice en estos crímenes. Aunque ha entrado luz, la ventana no se ha abierto por completo. Eso significa que aún hay gente entre nosotros que elige mirar para otro lado y que aún queda tarea por hacer".
Parecidas palabras de Ben Chaney, hermano de James: la condena es importante y anima a las familias de las víctimas, pero "hay más cosas que todavía hay que hacer".
Los familiares del antiguo dirigente local del Ku Klux Klan abandonaron el juzgado sin hacer declaraciones. El abogado de Killen también estaba relativamente satisfecho por haber logrado evitar la condena por asesinato. James McIntyre anunció que iba a recurrir, de todas formas. El fiscal del Estado, Jim Hood, fue el que más celebró el fallo: "Hay justicia para todos en Misisipí", dijo. En el juicio, el acusador, Mark Duncan, había dicho que la culpabilidad de Pillen era tan evidente que el jurado tenía una responsabilidad muy importante: "Van ustedes a decir al resto del mundo que no vamos a permitir que Edgar Ray Killen se libre ni un solo día más de lo que hizo".
Perpiñán vive consternada aún por el impacto de dos asesinatos y la reacción posterior de un grupo de jóvenes que la noche del domingo 29 de mayo incendió medio centenar de vehículos y provocó destrozos en 109 comercios. Pero a esa ciudad que en los últimos años ha divulgado el eslogan Perpiñán fraternal le duele aún más la imagen que han dado los medios de comunicación. Jaume Roure, teniente de alcalde y residente en el núcleo histórico donde han ocurrido los incidentes, asegura con rotundidad que en Perpiñán "existen problemas económicos, pero no racistas". "Es falso que haya un enfrentamiento entre las comunidades magrebí y gitana".
-El hecho es que han muerto dos magrebíes en una semana.
-Sí, pero en el primer caso, el de Bey Bachir, un argelino con antecedentes penales, responde a una pelea. Bachir saca un cúter con el que hace un corte en la cara a un gitano y luego recibe una paliza brutal. Los autores han sido detenidos y entre ellos hay uno que había sido detenido al menos otras veinte veces. El asesinato de Driss Ghaib, marroquí propietario de un pequeño restaurante, es un misterio. Lo mataron de cinco tiros en la cabeza, con un ritual mafioso que nunca han utilizado los gitanos de Perpiñán en cinco siglos. Nadie vio nada. Parece una provocación. Y media hora más tarde hubo los incidentes.
-Pero los magrebíes vivieron esos asesinatos como una agresión.
-La manifestación de protesta, que reunió de 2.000 a 4.000 personas, según las fuentes, tuvo lugar antes de la segunda muerte, fue pacífica y no pasó nada, aunque hubo tensión. En todo caso sorprende la presencia de algunos adversarios del actual alcalde, como los comunistas. Después de la manifestación, la calma parecía que había regresado, incluso la policía se retiró.
-Quien sale a la calle la noche del domingo son jóvenes magrebíes.
-Sí, pero se fueron hacia el centro histórico, no contra las casas de gitanos. Sólo hubo un conato y fue entonces cuando algún gitano disparó su escopeta como si marcase su territorio. Muchos gitanos se habían marchado del barrio. Salieron a la calle unos 300 magrebíes, había jóvenes de 12 y 13 años, también niñas. Fue una reacción violenta y acabó con el saqueo de algunas tiendas, como un supermercado y la del equipo de rugby de la ciudad.
-¿Cómo se explica esa violencia?
-No es un problema de gitanos y marroquíes, aunque eso es lo que desea la extrama derecha. En todo caso es un problema de bandas. Es también la pobreza y la droga. En una ciudad de 115.000 habitantes hay más de 7.000 personas que viven de la ayuda de un salario mínimo y dos tercios no son de Perpiñán. Han venido aquí porque es una ciudad más barata, porque les hemos facilitado ayudas a la vivienda. Tenemos un 10% de pobreza y eso es demasiado. Además se da una desestructuración de las familias, la pérdida de los referentes de autoridad. A los hijos de esos parados, a la segunda o la tercera generación de inmigrantes que no tienen un horizonte, se les crea una gran frustración. Estos días han salido jóvenes con la bandera de Argelia pero nunca han estado allí, es sólo un símbolo. Como lo es ese no del referéndum a cierta Europa.
-Una crítica muy repetida es el supuesto favoritismo a los gitanos.
-Es falso y se puede demostrar. No es cierto que haya muchos gitanos trabajando para el Ayuntamiento, puede haber un centenar, como lo hay de magrebíes. Y es ridícula esa rumorología que dice que se les han regalado motos o neveras.
-El alcalde Jean-Paul Alduy había levantado la bandera de la convivencia. Incluso ha ironizado con que se construye una mezquita proyectada por un arquitecto judío.
-Sí, en Vernet, el otro barrio, junto con Sant Jaume, donde conviven magrebíes y gitanos. Es mejor así que no la clandestinidad, pero no pagamos nada. Somos laicistas, aunque respetamos el culto privado. Yo mismo he oficiado matrimonios mixtos entre ambas comunidades.
-¿Qué pasará ahora?
-La ciudad vuelve a la normalidad. Tenemos la fiesta de la música, luego el festival de verano. El ministro del Interior en su reciente visita ha dicho que las fuerzas policiales permanecerán hasta que sea necesario, ha prometido otros 30 policías y volverá en septiembre. Nosotros continuaremos la remodelación de los tres barrios más degradados (Sant Jaume, Sant Mateu y Vernet), para los que hay aprobados 262 millones de euros en cinco años. Analizaremos las causas de lo que ha sucedido, con los mediadores, con la gente que conoce los problemas. Y habrá que evitar que esos jóvenes que ahora han sido condenados en juicios rápidos por los incidentes se conviertan al salir de la cárcel en unos mártires.
LA VANGUARDIA DIGITAL JOSEP PLAYÀ MASET - 20/06/2005 Barcelona
Dos hermanos marroquíes parecen ser los jefes de la red de traficantes que fletó la patera cuyo naufragio, ocurrido la madrugada del pasado lunes cerca de Tánger, costó la vida a seis mujeres subsaharianas y a sus seis hijos pequeños. La policía española ha remitido al Ministerio del Interior marroquí los apodos y las características físicas de esos individuos, en cuya localización ponen "el máximo empeño" las autoridades del país vecino.
Las declaraciones de los 49 inmigrantes marroquíes -44 hombres y 5 mujeres- detenidos en una embarcación que llegó el lunes a la costa de Tarifa (Cádiz) permiten reconstruir la tragedia ocurrida hace seis noches en Sidi Kenkuch, una playa de rocas situada 15 kilómetros al este de Tánger.
Los inmigrantes habían contactado en esa ciudad con miembros de la organización de traficantes, a los que cada uno pagó por adelantado entre 1.000 y 1.500 euros a cambio de un viaje en patera hasta Cádiz.
Fueron reunidos en un bosque a medio camino entre Tánger y Ceuta. Cobijados en tiendas y chabolas hechas con plásticos, esperaron la salida de la embarcación. Las cinco mujeres fueron recluidas en una casa de las proximidades. Muy cerca de su campamento había otro, de inmigrantes subsaharianos, en el que poco antes de la noche de la tragedia daría a luz una mujer. Ella y su bebé fueron, presumiblemente, dos de las 12 víctimas del naufragio.
Durante su estancia en el bosque, los traficantes sólo les entregaban una barra de pan por persona y día. Los demás alimentos se los vendían a precios dos y tres veces superiores a los de mercado.
En este estado de opresión, miseria y miedo pasaron los inmigrantes hasta dos meses, pues el mar estaba intratable en el Estrecho. Desesperados, algunos reclamaron la devolución del pasaje. Los mafiosos les respondieron que podían irse, pero que se olvidaran del dinero.
El día de la partida, los traficantes los reunieron en un claro. Estaban armados con estacas y espadas. Les retiraron los documentos de identidad y les advirtieron de que eran hombres muertos si se les ocurría revelar a la policía española algún dato sobre la organización o sobre el lugar en el que habían permanecido ocultos. En cambio, si se portaban bien les rebajarían el precio de un segundo viaje, en caso de que fueran interceptados y devueltos a Marruecos.
Amparados en la noche, los propios inmigrantes tuvieron que cargar la embarcación, una zodiac gris de ocho metros de eslora y dos de manga, equipada con un motor Yamaha de 60 caballos. El camino hasta la playa estaba formado por grandes piedras, sobre las que era difícil mantener el equilibrio. Uno de los expedicionarios resbaló y se rompió una pierna. Sus compañeros no volvieron a saber de él.
Ya en la playa, vieron otra lancha, abarrotada de subsaharianos, que tenía problemas con el motor. El hijo de uno de los traficantes subió a bordo y consiguió ponerlo en marcha. Luego descendió y cedió el timón al patrón.
Fue entonces cuando A. M., de 26 años y patrón de la expedición de los marroquíes, en prisión incondicional desde ayer, se volvió hacia sus pasajeros y les explicó: "Los negros son un cebo para entretener a los españoles. Mientras los rescatan a ellos, nosotros podremos entrar en España".
Cargada en un remolque aparcado ante el puesto de vigilancia de la Gendarmería Real de Marruecos en el viejo puerto de Tánger, una lancha neumática de color negro, aparentemente en buen estado, reposa ajena a la tragedia que protagonizó la madrugada del domingo al lunes. La embarcación, una semirrígida Argo de ocho metros de eslora propulsada por un motor Yamaha de 40 CV, es la que volcó a causa del oleaje nada más salir de la playa de Azarara, en Sidi Kankuch, unos 16 kilómetros al este de Tánger. Perecieron 12 de sus al menos 91 ocupantes, seis mujeres y seis bebés, todos subsaharianos. No hay fecha todavía para darles sepultura, a la espera de los resultados del difícil proceso de identificación y de las gestiones de los consulados. Los supervivientes, o al menos 79 de ellos --15 marroquís y otros 64 subsaharianos, procedentes de Camerún, Senegal, Ghana y Costa de Marfil, entre otros países--, fueron arrestados y se encontraban ayer en los calabozos de la Gendarmería Real de Tánger. Más que probablemente, siguiendo el procedimiento habitual, en cuestión de horas serán expulsados hacia Argelia por la frontera de Ujda. En cualquier caso, responsables de la Gendarmería no esconden la gravedad de la situación. "Los estamos recibiendo de toda África. El problema es el hambre, y eso no se puede resolver sólo con arrestos y expulsiones", explicaron.
Peligroso acceso Para llegar a la playa de Azarara (en árabe, "la de las piedras amarillas") hay que dejar la sinuosa carretera de Tánger a Ceuta y descender a pie aproximadamente un kilómetro y medio por un sendero empinado y pedregoso, incómodo de día y es de suponer que peligrosísimo de noche y con un niño en brazos. "No me explico cómo pudieron bajar hasta ahí", dice el jefe del puesto de la Gendarmería del puerto. Hasán, que vive en un chalet cercano a la playa, dice haber visto a los grupos de inmigrantes en otras ocasiones: "Llevan la lancha enrollada, y la hinchan una vez abajo. El motor lo bajan entre tres". Las dificultades para acceder a la zona complicaron considerablemente la operación de rescate, hasta el extremo de que los gendarmes tuvieron que recuperar la embarcación a nado. La calita, escarpada y rocosa, no debe tener más de 15 metros de longitud. Pese a que el día es brumoso, se percibe a simple vista la costa española, escasamente a 20 kilómetros en línea recta, tan cerca y tan lejos. Hasán y su amigo Saíd, conmovidos, sólo aciertan a musitar: "Pobrecitos, pobre gente".
Un patuco y un babero Traídos por la marea, los restos del naufragio se secan al sol. Esparcidos dolorosamente aquí y allá, una mochila portabebés, pañales, un patuco, un babero, entre las piedras y montones de algas. También zapatos, ropa de adultos, un chándal con el escudo del Barça, un documento de identidad ghanés, un portafotos con la imagen de un hombre joven, con camisa blanca y americana gris, y una fecha: 26 de noviembre del 2003. Desesperados testimonios, día y medio después, de un nuevo capítulo de la larguísima, clamorosa e insoportable tragedia del Estrecho. Y es que esto no se acaba nunca. Ayer mismo llegó a las Canarias otra embarcación con 19 personas a bordo, dos de ellas mujeres.
El Periódico JOSEP SAURÍ TÁNGER / ENVIADO ESPECIAL
"Los inmigrantes somos una mercancía para Marruecos y para Europa y los muertos ahora son la mercancía de los periodistas y de las ONG para ganar dinero. Ahora todo el mundo se está preguntando qué pasa con estos pobres negros, cuando jamás hemos recibido ayuda aquí de una organización, jamás. Así que rogamos a estos mercaderes de la muerte, a estas ONG de despacho, que guarden silencio por respeto a nuestros hermanos muertos y nos dejen tranquilos". Quien así habla, con tanta rabia, es uno de tantos emigrantes negros de los que subsisten escondidos en los bosques que rodean Tánger y Ceuta a la espera de poder pasar a España. De él sabemos muy poco, tan sólo que hace tres años que emprendió el camino hacia un sueño aún irrealizado: tener una vida digna en Europa. No conocemos su nombre ni su nacionalidad, que no quiere dar. No le falta razón, este hombre es un proscrito, como lo eran las seis mujeres y seis niños, todos menores de dos años y medio, que el lunes perecieron a pocos metros de una playa de Tánger y por cuya injusta muerte este inmigrante habla lleno de dolor. Por sus muertes y por las vidas que llevaron antes de subir en la siniestra patera.
Tal y como narran los dos inmigrantes que aparecen en esta información, cuyos testimonios han sido recogidos por el Colectivo Frontera Sur, la aventura de un subsahariano desde que sale de su país hasta que consigue llegar a Marruecos no es un camino de rosas. En Marruecos, los emigrantes se enfrentan a la exclusión, las batidas de la policía y del ejército, que según han denunciado varias ONG saquean sus campamentos y les roban, y, en muchas ocasiones, a una expulsión por la frontera de Argelia, que para muchos representa la muerte. La razón es que como Argelia no acepta en su territorio a la mayoría de estos emigrantes, se ven obligados a intentar volver a Marruecos; si no lo logran, deberán quedarse en lo que llaman tierra de nadie: terreno yermo sin agua ni comida.
L., inicial del nombre de pila de este subsahariano, dice que desde que salió de su país "nunca" le han considerado una persona, que él "sólo es un negro, un moreno joputa como me decía la Guardia Civil una vez que me deportó, una mercancía con la que todos ganan dinero". Este hombre, que todavía no está seguro de no haber perdido a uno de sus familiares en el naufragio, rompe a llorar y se pregunta qué va a ser ahora de los cadáveres. Porque los subsaharianos que mueren en el Estrecho reciben sepultura la mayor parte de las veces gracias a la caridad de la Iglesia Católica de Tánger.
D. es otro joven subsahariano, todavía está impresionado por lo que pasó el lunes, porque él estuvo a punto de ir en la patera que se hundió. Si no lo hizo fue porque su familia no pudo reunir el dinero que costaba el viaje.
El joven está desesperado. Lleva más de dos años y medio en Marruecos y es fácil verle mendigando por las calles de Tánger. Este chico dice que "jamás podrá volver". Sabe que "seguir adelante" e intentar la travesía en patera es un "suicidio", pero lo prefiere a la "muerte lenta que es Marruecos". Este subsahariano tiene un recuerdo especial para sus compañeras muertas y sus bebés y se lamenta de que las mujeres sufran "mucho más, son las más débiles y no tienen opción". El joven dice que "se le abren las carnes" cuando oye que las subsaharianas se quedan embarazadas a propósito, y se pregunta cómo pueden tener acceso a anticonceptivos si "ni siquiera tienen comida".
"Para las mujeres su cuerpo es su único medio para poder cruzar". A ello hay que añadir violaciones y abusos. D. recalca que "cruzar con un bebé es mucho más difícil: muchas mujeres intentan abortar y mueren" por el camino, relata el joven. Para las que tienen un bebé en Marruecos es también "la muerte", porque "aquí estos niños no existen. Algunos tienen ya seis o siete años, pero sus madres nunca podrán volver a sus países; ellos han nacido en el camino y no existen para ningún país".
EL color turquesa del agua, el silencio sólo roto por el bamboleo de las olas, el trinar de los pájaros, el cielo azul, calma y sosiego por doquier... y la costa española, ahí enfrente, a tiro de piedra, a tiro de patera. La diminuta cala de Ahzarara amanecía ayer con la resaca del drama tras haber sido el escenario mudo de una nueva tragedia de la inmigración clandestina. Una playita de apenas veinte metros de ancho en el pueblo de Sidi Kankush que intenta recuperarse a golpe de marea del golpe sufrido en la madrugada del lunes. Pero el oleaje no ha logrado todavía borrar todas las huellas de un asesinato múltiple cometido por el destino. Seis mujeres y seis niños dejaron su pellejo entre estas piedras mudas cuando la barca en la que viajaban casi un centenar de personas zozobró. Doce subsaharianos que nunca llegarán a su paraíso europeo ni serán expulsados de vuelta a su particular infierno africano.
El periodista repite, a plena luz del día, los pasos que siguieron todos los inmigrantes clandestinos guiados por la correspondiente mafia y el brillo de la media luna. A diecisiete kilómetros de Tánger, hacia Ceuta, el cauce de un torrente seco desciende a lo largo de unos mil metros hacia la costa. Un terreno empinado y abrupto por el que parece imposible que se hayan podido colar un centenar de almas -mucho menos una zodiac de ocho metros- sin el visto bueno de los militares que controlan desde lo alto día y noche. Cuatro de ellos están detenidos. Sus compañeros salieron ayer raudos de la garita ante la llegada de los informadores al olor del desastre. «Papeles». Todo en regla.
Campo a través, en veinte minutos, se pasa del reino de los saltamontes al reino de los cangrejos. La llegada a la cala se convierte en un desagradable espectáculo que trae constantemente a la mente lo que debió ser el naufragio. Seis mujeres. Seis niños. Todos muertos. Las pertenencias de los náufragos aparecen esparcidas sobre las rocas, entre las algas, sobre la arena... Said, un marroquí que sirve de guía, se acaricia los brazos. «Tengo los pelos de punta». Bajos sus pies, el bochorno en forma de patucos de ganchillo, un babero, restos de pañales y braguitas y hasta una mochila porta-bebés. Seis niños. Muertos.
Restos del naufragio
El paseo por Ahzarara duele a la vista a pesar del impresionante espectáculo que uno tiene ante sus ojos. La mirada desciende y pasa de ver el sueño de Tarifa y el tráfico del Estrecho de Gibraltar a tener delante la más cruda realidad. Camisetas aún mojadas, pantalones desgarrados, zapatillas de deporte desparejadas, paquetes con dátiles enrollados en cinta adhesiva para aliviar la travesía, envases brick preparados como cantimploras...
La lista no termina ahí. Hay papeles del consulado de Ghana en Rabat. Fotos de carné de un joven subsahariano de camisa blanca y americana oscura del 26 de noviembre de 2003. También hay restos de agendas con teléfonos marroquíes y españoles. Pilas unidas a cables para recargar los teléfonos móviles y poder llamar por el camino o al llegar... o no llamar nunca más.
A una veintena de kilómetros, en el puerto de Tánger, descansa la embarcación semirrígida marca «Argo» de ocho metros de eslora en la que intentaron la aventura. Confiscado en las dependencias de la Gendarmería yace el motor «Yamaha» de cuarenta caballos que impulsó a 76 subsaharianos y 15 marroquíes a ninguna parte. Mientras, en la morgue del Hospital Mohamed V aguardan su entierro sin prisa los cuerpos de las seis mujeres y los seis niños, todos subsaharianos, muertos en la tragedia. Las identificaciones y los trámites consulares retrasarán el funeral, que previsiblemente tendrá lugar en esta ciudad del Estrecho de Gibraltar.
Un goteo, el de las pateras, que no cesa. Ya lo advirtieron ayer los pasajeros de una de estas barquillas cuando llegaron a Gran Canaria, éstos sanos y salvos, procedentes del Sahara Occidental: detrás vienen quince expediciones más.
Malviviendo escondidos en los bosques cercanos a Tánger y Ceuta, y en condiciones denunciadas por organizaciones de derechos humanos, centenares de subsaharianos esperan su oportunidad para entrar clandestinamente en España.
El nuevo drama ocurrido en el Estrecho de Gibraltar, donde seis mujeres y seis niños de corta edad perecieron ahogados al zozobrar una patera que trataba de alcanzar las costas españolas con 91 inmigrantes clandestinos a bordo, no parece hacer mella en la mayoría de estos subsaharianos que buscan en Europa un futuro mejor.
En los arcenes de la carretera que enlaza Tánger con Ceuta, de poco más de 60 kilómetros, algunos de estos subsaharianos hacen gestos ostensibles a los automovilistas para pedirles algo de comer, ropa o dinero. Y es que muchos de ellos viven desde hace muchos meses en chozas rudimentarias levantadas en medio del bosque, alejados de los núcleos urbanos para tratar de zafarse del acoso al que les someten las fuerzas de seguridad marroquíes.
Bel Younech es un pequeño pueblo mediterráneo marroquí situado junto a la valla de alambre que delimita Ceuta, ciudad autónoma española en el norte de África, por su vertiente occidental. En el interior de un bosque de pinos situado a la salida de esta población marroquí, inmigrantes clandestinos procedentes de distintos países del África subsahariana como Senegal, Mali, Congo o Gambia abandonan momentáneamente el campamento improvisado en el que viven en busca de alimentos y de agua.
Algunos de ellos acceden a hablar con los periodistas para contar sus deplorables condiciones de vida y sus deseos de llegar a España, bien en patera atravesando el Estrecho de Gibraltar o bien tratando de franquear la valla que delimita los confines de Ceuta. Vivir con miedo
Molo, un senegalés de 32 años, explica que vive en el bosque desde hace tres meses y que no conocía a la gente que viajaba en la patera porque no estaban "en el mismo campamento". Este aspirante a emigrar expresa de forma escueta las razones que le mueven diciendo que quiere "ir a España a trabajar".
Mientras esta oportunidad llega, Molo, intenta forzar su destino recogiendo madera con la que construir una de las rudimentarias escaleras de las que se sirven los emigrantes para intentar escalar la valla que rodea Ceuta. El joven senegalés explica que viven "con el miedo a las redadas que la policía y el ejército marroquí" llevan a cabo con frecuencia en la zona. "Cuando vienen, nos internamos en el bosque e intentamos escondernos donde podemos", relata Molo, que concluye diciendo que, a pesar de tantas penalidades, seguirá "intentando entrar en España".
Por el contrario, Bakr, un joven gambiano, decidió volver a su país, desengañado tras arrostrar tan duras condiciones de vida. Mientras se despedía de algunos de sus compañeros, explicó a los periodistas, que "no valía la pena intentarlo otra vez". "La gente de los pueblos de los alrededores nos tratan bien, pero la policía y los militares marroquíes nos agreden y nos lo quitan todo, incluso nuestro dinero" aseguró Bakr.
El joven gambiano afirmó estar "harto" debido a las "deplorables condiciones de vida" y a que "nadie" respeta sus derechos.
La cárcel
Estas condiciones que denuncia Bakr son probablemente similares a las que tuvieron que soportar las personas que fallecieron, así como los 79 supervivientes. De ellos, los quince marroquíes serán con mucha probabilidad, y como suele suceder en estos casos, condenados a un año de cárcel con la pena en suspenso, a menos que se demuestre que alguno de ellos participó en la organización del viaje. De ser éste el caso, los tribunales marroquíes podrían condenarles a penas de hasta diez años de cárcel.
Los 64 supervivientes subsaharianos, entre los que hay mujeres embarazadas y al menos siete niños, serán repatriados a sus países de origen o bien expulsados por la frontera con Argelia.
Marruecos tiene convenios de readmisión con algunos países subsaharianos, a los que, de vez en cuando, organiza vuelos para repatriar a los emigrantes. Sin embargo, la mayor parte de las veces, y tal y como han denunciado varias organizaciones de derechos humanos, las autoridades marroquíes expulsan a los subsaharianos por la frontera con Argelia, al entender que ésta fue la vía que utilizaron para acceder a su territorio.
Como Argelia no admite a la mayoría de estos emigrantes, los subsaharianos se quedan en lo que llaman "tierra de nadie": un territorio yermo donde algunos, siempre según las organizaciones, han muerto de hambre, sed o enfermedad.
Las autoridades marroquíes practicaron, por primera vez, detenciones de agentes de las fuerzas de seguridad después del naufragio de una patera, el lunes de madrugada, a escasa distancia de la playa de Sidi Kenkuch, cerca de Tánger. El hundimiento causó la muerte de seis mujeres subsaharianas y de seis de sus hijos, a veces recién nacidos, mientras otros 79 candidatos a emigrar ilegalmente -15 de ellos marroquíes- lograron alcanzar la costa a nado. "La policía judicial ha echado el guante a cuatro elementos de las Fuerzas Auxiliares mientras continúan las investigaciones para identificar y detener a las demás personas implicadas", reza un comunicado del fiscal del rey ante el Tribunal de Apelación de Tánger difundido ayer.
"Todas las personas implicadas en estos actos criminales serán puestas a disposición judicial una vez terminada la investigación", concluye el comunicado.
Las Fuerzas Auxiliares son un cuerpo de seguridad que apoya en sus tareas a la policía o a la Gendarmería. Desde el año pasado está desplegado a lo largo de decenas de puestos de observación fijos en la costa noroeste de Marruecos, entre Larache y Tetuán.
Los cuatro miembros de las Fuerzas Auxiliares detenidos por la Gendarmería, que actuó como policía judicial, formaban parte de la dotación de una torreta que domina la playa de Sidi Kenkuch.
La fiscalía sospecha que los cuatro agentes hicieron la vista gorda mientras embarcaban los 91 pasajeros de la lancha, de siete metros de eslora, sobre la una de la madrugada del lunes, según indican fuentes de la investigación. A cambio, los cuatro habrían recibido conjuntamente unos 90.000 dirhams (8.500 euros).
A finales del año pasado, Mohamed Halab, wali (gobernador) de Tánger, explicó a este periódico cómo había quedado "prácticamente blindada" la costa noroeste de Marruecos con la instalación de los puestos de observación, la mejora de los medios de la Gendarmería y de la Marina Real y el incremento de la vigilancia en el puerto de Tánger.
De hecho, la presión migratoria se ha reducido fuertemente en el estrecho de Gibraltar -el último naufragio se remonta a octubre de 2003-, pero, en cambio, se ha incrementado más al este, entre Alhucemas y Nador, desde donde zarpan ahora pateras rumbo a la costa granadina.
Globalmente, el número de inmigrantes irregulares apresados el año pasado en las costas de Andalucía y de Canarias se elevó a 15.675, en su mayoría marroquíes y malienses, un 18% menos que en 2003.
La Gendarmería auxilió y detuvo el lunes a los náufragos que llegaron con vida a tierra, entre los que hay algunas mujeres en avanzado estado de gestación. Todos ellos han sido puestos a disposición judicial; los marroquíes, por salir ilegalmente del país, y los subsaharianos, por encontrarse ilegalmente en Marruecos.
Los tribunales les suelen condenar a unos meses de cárcel, pero dejan la pena en suspenso, y a una multa que no pueden pagar. Los marroquíes son después puestos en libertad mientras los subsaharianos son conducidos en autobuses, escoltados por la policía, hasta Oujda, cerca de la frontera con Argelia, que se les obliga a cruzar de noche. La mayoría de ellos han entrado en Marruecos a través de esa misma frontera argelina.
Doce inmigrantes clandestinos han muerto ahogados hoy al naufragar frente a las costas marroquíes la embarcación en la que trataban de llegar a España. Según el último balance de Rabat, las víctimas son seis mujeres y seis niños de corta edad. En la lancha neumática, de tipo zodiac y con capacidad para diez personas, viajaban 91. La embarcación naufragó en las cercanías de la ciudad costera de Tánger, a 300 kilómetros de la capital marroquí. Sus tripulantes eran 15 ciudadanos de este país y 76 subsaharianos, según fuentes de la Gendarmería Real. La mayoría de ellos se salvó al alcanzar a nado la playa de Sidi Kenkouch, a 15 kilómetros de Tánger, de donde habían partido poco antes. Ahora están detenidos en el cuartel de la Gendarmería Real de Tánger. La lancha tenía siete metros de eslora [la longitud de una embarcación], y según las autoridades se hundió precisamente por el sobrepeso.
Fuentes extraoficiales de la ciudad de Tánger citadas por la agencia de noticias Efe han informado también de que cuatro agentes de las Fuerzas Auxiliares Marroquíes, cuerpo que se encarga de vigilar las costas del país, pueden haber sido detenidos en relación con este naufragio. Al parecer, estos individuos pueden haber percibido dirhams (unos 9.000 euros) por haber consentido que la lancha zarpara de las costas marroquíes sin importunar a los organizadores del viaje.
El fontanero polaco se convirtió durante el referéndum de la Constitución europea en Francia en la bandera de los partidarios del no. En Polonia, ha sido interpretado como la expresión de un temor a la invasión de trabajadores procedentes de los países del Este que hace un año se incorporaron a la UE.
El mito, como algunos lo definen en Varsovia, indigna en las altas esferas, pero no parece haber bajado a la calle. Uno busca entre la gente agrupada en cualquier tenderete de los muchos que hay por el centro de la ciudad vendiendo frutas, hortalizas y baratijas, a alguien que le diga algo del fontanero polaco, la víctima propiciatoria de Jacques Chirac. "¿Busca usted un fontanero?", preguntan interesados. "No, es que amenaza el bienestar de Francia", responde este enviado. Unos se encogen de hombros, como si se hallasen ante un extravagante extranjero que quiere reparar su cuarto de baño y ha venido hasta Polonia a buscar fontanero. Otros ríen y piensan que es una broma rebuscada, aunque creen haber oído algo por la radio. Un conocido colega polaco, Adam Michnik, contaba irónico que el día del referéndum le llamó un amigo francés que votó sí para pedirle la dirección de algún fontanero, porque, dijo: "Los que tenemos aquí son horribles".
Gobierno, oposición, sindicatos y expertos, sin embargo, están un poco revueltos y perplejos de que el no francés se atribuya al peligro de invasión de trabajadores polacos. Es cierto que el índice de desempleo alcanza al 19% de la población trabajadora y puede provocar emigración, pero como apunta Andrzej Adamczyk, director de la sección internacional de Solidaridad, una de las dos grandes centrales sindicales junto a Alianza Polaca de Sindicatos (OPZZ), la huida al exterior hoy es bastante reducida. Incluso lo es la movilidad dentro del país, porque "tan sólo desplazarse de un pueblo a otro supone un problema". "Nos hemos puesto a buscar fontaneros polacos en Francia y los casos son contadísimos", alega Adamczyk con cierta sorna.
Gobierno y sindicatos reconocen que los polacos que han emigrado son menos de lo que esperaban antes de la adhesión de Polonia a la UE, el 1 de mayo de 2004. Eso dicen las estadísticas, quizá porque hasta la fecha sólo Reino Unido, Irlanda y Suecia han abierto sus fronteras (los otros países no levantarán las barreras hasta 2010) y ofrecen a los polacos la posibilidad de ir allí sin restricciones de forma legal, aunque bien es verdad que al menos a Irlanda no van fontaneros, sino carniceros para cubrir la demanda de los mataderos, donde los irlandeses no quieren trabajar.
El destino de los emigrantes, según el primer ministro, Marek Belka, sigue siendo preferentemente Alemania, donde se ha incrementado el número en un 22% desde la adhesión y hoy suman 324.000. A Reino Unido han emigrado 73.000; 37.000 a Italia; 32.000 a Irlanda; 20.000 a Holanda, y 17.000 a España. No hay datos sobre Francia. La opinión generalizada es que Francia ha encontrado el chivo expiatorio en el fontanero polaco ante unas amenazas vagas y anónimas, cuando el peligro real al que se enfrenta es la globalización, que ahora ya no ve como algo ajeno, sino que la tiene metida en casa. Por eso consideran al trabajador polaco un invasor que va a quitar puestos de trabajo.
El miedo que se ha generado "es exagerado", dice Marek Jurek, número dos del partido Ley y Justicia (centro-derecha) que, según los sondeos, gobernará después de las elecciones del 25 de septiembre en coalición con Plataforma Cívica. "La libertad de circulación de personas y mercancías no debe acabar cuando a los más ricos deje de interesarles el asunto. Si se imponen los egoísmos nacionales, la UE puede quedar hecha añicos", añade Jurek.
La profesora Lena Kolarska-Bobinska, del Instituto de Asuntos Públicos, cree que el fontanero polaco es sólo una excusa, "la víctima propiciatoria de Jacques Chirac, el símbolo del temor francés" a la liberalización del mercado de trabajo y de servicios. Temor que Janusz Reiter, del Centro de Relaciones Internacionales de Varsovia, considera que se extiende también a Alemania, aunque "allí la élite política es más disciplinada y responde a los desafíos, mientras que en Francia ha perdido su influencia en la sociedad y tienen que explotar los sentimientos populares o desaparecen". A Michnik, director de Gazeta Wyborcza, le parece "una completa idiotez, un invento que se ha convertido en acontecimiento". "Nunca antes en la historia los fontaneros polacos han sido tan importantes. Lo fue un electricista, pero sólo uno [Lech Walesa]", dice.
Los efectos del no han sido políticos más que económicos. Los expertos del Banco Nacional de Polonia creen que no afectará a la entrada del país en la eurozona, y, contra todos los pronósticos pesimistas que se venían barajando, no ha influido en la marcha de la economía, que crece a un 5% anual, y el sector agrario experimenta una mejora espectacular.
Lo que sí ha supuesto el no francés es un palo psicológico para los polacos, ahora que están empezando a sentir las bondades de un año dentro de la UE, en el cual se han producido muchos cambios, y todos positivos.
Pero Polonia sigue siendo un país pobre, con niveles salariales muy bajos. El sueldo medio es de 400 euros mensuales después de impuestos. Los precios al consumo han experimentado un aumento notable, aunque se han estabilizado, y algunos productos básicos como la patata, el tomate, la cebolla, la leche, la carne de pollo y las frutas alcanzan casi el mismo precio que en España. Todos tiemblan ante la llegada del euro a sus bolsillos, pero al mismo tiempo lo esperan deslumbrados por el nivel de vida en la UE. La pobreza se palpa. "Todos esperan un despegue con fuerza", comenta una fuente diplomática occidental.
Hay voces influyentes en Polonia que aseguran que con el no a la Constitución se ha producido un extraño cambio de posiciones. Se quejan de que antes de la adhesión del Este, Francia presionaba a favor del mercado abierto, y ahora que los polacos están dentro dicen que no quieren ni libre competencia ni circulación de trabajadores. "O sea, que hay que decirles: 'ustedes no pueden exigirnos a nosotros que respetemos las reglas de la UE, porque son los primeros que no las respetan", añade Kolarska-Bobinska. En cualquier caso, esto no ha afectado a la actitud de los polacos hacia la integración, aunque puede influirles respecto al voto en el referéndum, si es que llega a celebrarse, sobre todo porque perciben una fuerte división entre las fuerzas políticas polacas, que están posicionadas en tres bloques: una izquierda gobernante desacreditada por los escándalos de corrupción y a favor de la consulta; un centro-derecha ambiguo, que posiblemente gobernará a partir de octubre, deseoso de que muera la Constitución, y una ultraderecha antieuropea.
ELPAIS.es ÁNGEL ANTONIO HERNÁNDEZ (ENVIADO ESPECIAL) - Varsovia
Entre 1890 y 1952, siete presidentes de EE UU pidieron al Congreso que ilegalizara los linchamientos, asesinatos concebidos como ejecuciones fuera de la ley y perpetrados en especial contra negros en el sur del país. Atendiendo a esas peticiones, el Congreso debatió decenas de proyectos; tres de ellos, aprobados en la Cámara de Representantes entre 1920 y 1940, naufragaron en el Senado debido a la obstrucción de los escaños sureños. El Senado se disponía a pedir perdón ayer por este "fracaso". Los senadores que impulsaron el gesto, la demócrata Mary Landrieu, de Luisiana, y el republicano George Allen, de Virginia, quisieron que la Cámara se dirigiera a los descendientes de las 4.749 personas que se calcula fueron linchadas entre 1882 y 1968. Fueron sobre todo negros del sur, pero no sólo: hubo linchamientos, dice la resolución, "en todos los Estados excepto en cuatro"; en palabras de Landrieu, "una forma americana de terrorismo" en la que el 99% de sus responsables, señala la resolución, "escaparon del castigo".
Por la ausencia de cobertura legal que permitió esta impunidad, el Senado expresó "su profunda simpatía y su más solemne pesar" a los descendientes de "aquellos que fueron privados de la vida, de la dignidad humana y de las garantías constitucionales" y recordar "la historia del linchamiento, para asegurar que estas tragedias nunca se repetirán". El senador Allen aseguró: "Fue una afrenta a los principios básicos sobre los que se fundó esta nación, una mancha en la historia del Senado".
Entre los asistentes a la sesión estaba James Cameron, que tiene 91 años y que se libró de la muerte -tenía la soga al cuello- cuando un hombre fue capaz de detener a la turba que una noche de 1930, en Indiana, quería colgarle acusándole de haber participado en un asesinato y una violación. Cameron declaró a USA Today que, a pesar de que la petición de perdón "llega con cien años de retraso", se alegra de la medida adoptada.
También estaba la bisnieta de un agricultor negro colgado en 1916 en Carolina del Sur por discutir con un blanco sobre el precio del algodón, y un primo de Emmett Till, un chico negro asesinado en Misisipí hace medio siglo acusado de silbar a una blanca. El FBI acaba de exhumar los restos de Till para llevar a cabo la investigación que nunca se realizó.
El origen del término linchamiento se atribuye al capitán William Lynch, que en 1780 puso en pie un comité para mantener el orden en la revolución contra el dominio británico. La práctica se mantuvo después como la ley de Lynch. Antes de la guerra civil, los asesinatos fueron indiscriminados e incluían a delincuentes, pero, desde fines del XIX, los objetivos preferidos fueron las minorías: judíos, hispanos, asiáticos, indios y, sobre todo, negros, el 75% de las víctimas.
La madre del pequeño Joseph tiene miedo. La ciudad en la que viven, Bruselas, era antaño un lugar tranquilo. En 1942, todo cambia. Los nazis registran sin descanso sus rincones a la caza del judío. Para proteger al niño, decide llevarlo a casa de una condesa. La mujer peca de credulidad al pensar que la Gestapo se detiene ante títulos nobiliarios. Acosada por la policía, la benefactora no puede seguir escondiendo al muchacho y se lo entrega a un cura católico, el padre Pons, quien ya ampara a muchos otros. Así arranca El hijo de Noé, de Eric-Emmanuel Schmitt (Lyón, 1960), autor de gran éxito en Francia por sus novelas y obras teatrales. Joseph descubre pronto que su protector no sólo actúa por caridad religiosa. El cura ha alzado en la cripta de la iglesia una sinagoga. Allí estudia de noche la Torah, la Cábala y los textos de los rabinos. Aunque los chavales que están a su cuidado deben aparentar ser cristianos para sobrevivir, el sacerdote les va transmitiendo la cultura judía recién aprendida. Por compromiso moral, no quiere que pierdan sus raíces hebreas.
"Me he inspirado en hechos reales, aunque al mismo tiempo es una fábula sobre la tolerancia, el ecumenismo y la necesidad de la paz", explicó el autor en la presentación del libro. "La persona que me inspiró el personaje de Joseph existe, es amigo mío y ahora tiene 70 años. Vivió escondido durante la guerra. De su historia utilicé sobre todo el encuentro con un cura católico, que salvó de la muerte a 231 niños. Por eso le dedicaron un bosque en Israel con 231 árboles".
Aprendizaje iniciático El aprendizaje de los niños, imprescindible para rehuir el desarraigo, le permite al autor reflexionar sobre la construcción de la identidad, motivo recurrente de su narrativa. "Mis novelas son siempre historias iniciáticas. Explican cómo un personaje logra sobrevivir en un contexto que podría destruirlo. En ellas, siempre hablo de la construcción de la identidad y del paso del tiempo", afirmó el escritor. "Joseph se pregunta qué es ser judío. Descubre que no se trata de algo religioso. Consiste en conservar la memoria de una historia colectiva, de una filiación".
La cultura, la tolerancia y el entendimiento entre religiones son algunos de los valores que Schmitt vocea en sus obras como instrumentos imprescindibles en la lucha contra la barbarie. "La literatura no sirve para nada. De lo contrario, el mundo sería distinto. Sin embargo, los libros pueden promover la esperanza", apuntó el novelista, y añadió: "Lo que hice al escribir este libro es meditar sobre la cuestión del respeto, noción filosófica que se la debemos al judaísmo". Como ya sucedió con Ibrahim y las flores del Corán también El hijo de Noé tendrá una versión cinematográfica.
Las denuncias sobre las condiciones de reclusión en la base estadounidense de Guantánamo (Cuba) continúan subiendo de tono, tanto dentro como fuera de EEUU. Ayer, el rotativo The New York Times pidió el cierre del centro de detención en la isla caribeña, al que calificó de "vergüenza nacional". La Administración de George Bush mantiene recluidos en Guantánamo desde hace tres años a 520 presuntos terroristas sin acceso a los tribunales estadounidenses. "El cierre de Guantánamo es sólo un primer paso", sostiene el rotativo liberal neoyorquino en su página editorial. "Es un paso que daría instantáneamente dividendos en todo el mundo; no sólo repararía la reputación de EEUU, sino que también mejoraría la seguridad" del país. Según el rotativo, la prisión de Guantánamo "es un regalo propagandístico a los enemigos de EEUU, una razón para que nuestros aliados sientan vergüenza ajena, y un eficaz instrumento de reclutamiento para los radicales islámicos, incluidos los futuros terroristas". El Times sale al paso del principal argumento de la Casa Blanca para retener a medio millar de prisioneros, es decir, su supuesta peligrosidad ante el riesgo de llevar a cabo atentados contra EEUU. "Si, como el Gobierno sostiene, algunos de esos prisioneros son miembros activos y peligrosos de una conspiración para perpetrar actos terroristas contra EEUU, debe haber acusaciones legítimas para encausarles".
"DICTADURAS CÓMPLICES" De no existir esas acusaciones, los prisioneros deberían ser liberados, para que vuelvan a su hogar o a otro país, añade el editorial. En todo caso, el diario subraya que Washington "no debe entregarlos a dictaduras cómplices, donde los matones locales los podrán torturar sin que EEUU tenga responsabilidad directa en ello, como se ha informado que pasó recientemente en lugares como Uzbekistán, Siria y Egipto". El rotativo respalda la calificación de "gulag de nuestros tiempos" con la que Amnistía Internacional (AI) describió a la prisión de Guantánamo hace dos semanas, y "que tanto ofendió" a la Adminstración de Bush. "Es una metáfora idónea", dice el Times, porque esa prisión "es una en una cadena de oscuros campos de detención que también incluye a Abú Graib en Irak, la prisión militar de la base aérea de Bagram en Afganistán y a otros centros secretos dirigidos por las agencias de espionaje". Tanto el presidente George Bush, como el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, rechazaron airadamente la semana pasada como "descabellada" la comparación de Guantánamo con un siniestro gulag soviético, los campos de trabajos forzados donde murieron millones de prisioneros.
ALGUNAS "SIMILITUDES" Sin embargo ayer el director ejecutivo de AI, William Schulz, sostuvo que, aunque la analogía no sea exacta o literal, "hay algunas similitudes", ya que "EEUU está manteniendo un archipiélago de prisiones en todo el mundo, muchas de ellas secretas, en las que la gente está desapareciendo literalmente; y, en algunos casos al menos, sabemos que se los maltrata, se abusa de ellos e incluso los mata". En declaraciones a la cadena de televisión Fox, Schulz reconoció que, pese a sus denuncias sobre las violaciones de derechos humanos en Guantánamo, "no sabemos con seguridad lo que está pasando" en esa prisión. Precisamente por ello, Schulz recalcó que el principal argumento de AI es que "EEUU permita que investiguen las organizaciones independientes que defienden los derechos humanos".
La presidenta de la Fundación sobre el Holocausto, la ex presidenta del Parlamento Europeo Simone Veil, ha afirmado hoy que la negación del Holocausto y del asesinato de millones de judíos es "la forma más terrible del antisemitismo moderno". Veil ha hecho estas declaraciones en la ceremonia de apertura de la conferencia de la OSCE sobre Antisemitismo que se ha inaugurado hoy en Córdoba, donde el ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha abogado por medidas "operativas y obligatorias" para erradicar el antisemitismo y otras formas de intolerancia. Veil, galardonada este año con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional, ha dicho que "el que niega el Holocausto debe ser puesto fuera de la ley" y considera que esa negación es tan absurda como las "patrañas y la desconfianza" que siempre ha alimentado el odio contra los judíos. Ese odio, que tuvo su "quintaesencia" en el Holocausto y que supuso el asesinato de tres cuartas partes de los judíos de Europa ante "la indiferencia de los pueblos", es fruto principalmente "de la ignorancia". Por ello, ha apostado por la educación como principal arma para frenar el resurgimiento del antisemitismo, "ya que no hay nada más maleable que el cerebro de un niño" y lo mismo que se le puede educar en el odio, también se puede hacer en la tolerancia.
En su opinión, "si queremos que estos hechos no se vuelvan a producir, debemos mirar de frente el peligro, detectarlo y darle nombre primero para después denunciarlo y luchar contra él". En este sentido, ha subrayado que el antisemitismo que resurge "de manera alarmante", especialmente en Francia -aunque ha destacado que el Gobierno francés ha reaccionado con energía- y en general en otros países europeos, "no es sólo antisemitismo", sino una intransigencia fundamental "contra todo lo que sea distinto y extranjero", situaciones que "atentan contra el honor de las naciones europeas".
A su juicio, es necesario mantener el recuerdo de lo ocurrido, si bien "heredar el recuerdo no significa heredar el sufrimiento ni el estatus de víctima", sino "guardar la conciencia de lo sucedido", un objetivo que tiene a Europa como garante.
Compromisos reales
Por su parte, el ministro español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha lamentado que la "experiencia y memoria" del Holocausto no hayan sido suficientes para "eliminar actitudes y manifestaciones claramente atentatorias contra la dignidad de los judíos". A su juicio, el respeto y la tolerancia "no florecen por generación espontánea", de modo que se precisan "compromisos reales" en este terreno. "No necesitamos declaraciones, sino decisiones concretas en el ámbito de la educación, en el uso de los medios de comunicación o en el estudio de la Historia. De nada sirve condenar y lamentar, si no hay más medidas que hagan imposible la repetición de actos vandálicos o ultrajantes", ha dicho.
Moratinos opina que cuando se insulta a alguien aludiendo a su raza, a su religión u origen étnico, no sólo se ofende a una persona gravemente, "sino que se siembra la injusticia y la posibilidad de la expansión del agravio". Tras destacar que el Gobierno español asume el compromiso de "reforzar y consolidar" la labor del enviado especial de la OSCE en la lucha contra el antisemitismo, ha subrayado que la mejor conclusión de esta conferencia es que todos los países de la OSCE "se comprometan a medidas operativas y con carácter obligatorio para erradicar el antisemitismo". No obstante, también ha destacado que una reunión de este tipo discuta por primera vez la discriminación contra los musulmanes en los países de la OSCE, un problema que, en su opinión, es "emergente" fruto de un aumento de la inmigración.
Sobre otras formas de intolerancia como el racismo, la xenofobia, la intolerancia y la discriminación por motivos de raza, sexo, lenguaje, ideología o estatus social, que Moratinos considera "inaceptables", ha reiterado el compromiso del Gobierno en la lucha contra la desigualdad por motivos de género. "Las medidas que hemos adoptado contra la violencia de género y a favor de la promoción de la mujer en el trabajo y la sociedad, están en la vanguardia de los esfuerzos internacionales y creo que pueden servir como referencia para otras sociedades", ha dicho.
"Las amenazas a nuestra convivencia son mucho más globales, precisamos de la cooperación organizada para hacerles frente. Seamos valientes y sepamos estar a la altura de quienes como en la España de las Tres Culturas, supieron reconciliar sus diferencias y ofrecernos un ejemplo de convivencia en la diversidad", ha concluido.