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"Allí no hay futuro" cuentan Ahmed y Annuar

Ahmed y Annuar llegaron desde Marruecos a España de manera
estrambótica. Uno, con 15 años, colgado de los bajos de un camión; y el otro,
con 17 recién cumplidos, camuflado entre un grupo de estudiantes italianos en
uno de los barcos de línea regular que cruza el Estrecho. Cuando llegaron a
Barcelona eran dos menores indocumentados, sin papeles y solos. Hubieran podido
ser pasto de la ley de la calle, la que obliga a sobrevivir a costa de lo que
sea. Pero no fue así.
Con lo que se dieron de bruces fue con el operativo que la
Conselleria de Benestar i Família tiene para atender a los menores inmigrantes
indocumentados. "Salí de Alcazarquivir en el 2003. Entonces, tenía 15 años",
explica Ahmed. "Conocía a marroquís que estaban en Barcelona y pensaba que aquí
podría encontrar trabajo". "Dejar la familia --tiene seis hermanos-- fue lo más
duro, pero tenía que salir de Marruecos a buscar mi futuro, porque allí no lo
hay". Ahmed pasó el Estrecho en barco, "escondido en los bajos de un camión".
A pie y en autobuses llegó hasta Barcelona. "Aquí, una mujer
marroquí me dijo que fuese a la Direcció General d'Atenció a la Infància". No
vivió en la calle. Le ingresaron en un centro de menores. Tras confirmar que,
efectivamente, en Alcazarquivir no tenía ningún futuro y que su familia vivía
bajo mínimos, la Generalitat asumió su tutela, hasta los 18 años, y le ofreció
un curso de formación como cocinero. "Ahora ya tengo trabajo, contrato y un
sueldo que me permite pagar los 200 euros de habitación en un piso compartido".

Ni alcohol ni discotecas
Como Annuar, Ahmed gasta muy poco. Nada de alcohol, nada de
discotecas. "Envío dinero a mi familia",, cuenta. Tiene una novia de su misma
edad, marroquí también, que reside en Barcelona. "¿Casarnos?, ya me gustaría,
pero no es fácil". "Mi sueldo no da para alquilar un piso". ¿Montar un día un
restaurante propio, aquí en Barcelona? "Eso es imposible". "¿Quién iría a un
local en el que no se sirve alcohol, ni carne de cerdo?". "Aquí no se puede y en
Marruecos las cosas no están aún como para arriesgarse".
Annuar es de Tetuán, de una familia de cinco hermanos. "Estuve
un año yendo y viniendo de Ceuta para ver como podría pasar a España, pero no
había manera". Un buen día, todo cambió. "Había un grupo de estudiantes
italianos que iban hacia Algeciras; compré un billete y me camuflé entre ellos".
Tenía 17 años y el terror le llegó justo cuando pisó tierra
española. "Llamé por teléfono a un hermano que estaba en Barcelona para decirle
que había llegado a Algeciras". "Entonces, me encerré en un lavabo y estuve allí
horas y horas hasta que él vino a buscarme".

Campeón ciclista infantil
Su hermano, por aquel entonces, tampoco tenía papeles y pensó
que lo más sensato era poner a Annuar a disposición de la Direcció General
d'Atenció a la Infància. Pasó por un proceso similar al de Ahmed --familia sin
medios e internamiento en un centro-- y hoy, cumplidos los 18 y tras una
formación profesional, trabaja también como cocinero. "Lo que me gustaría de
verdad es volver a Marruecos con mi familia y trabajar allí", asegura Annuar.
Aquí, vive bien, pero el sueldo no da para caprichos. "Tengo
una habitación en un piso compartido". Echa en falta poder practicar su afición
favorita. "Fui campeón ciclista infantil y juvenil de Tetuán en los 30
kilómetros", explica con indisimulado orgullo. "Me gustaría mucho poder tener
una bicicleta para practicar, pero hasta las de segunda mano son demasiado caras
para mí", valora el joven tetuaní, que, como su amigo Ahmed, ya borda el idioma
español.
Los dos, más que corteses, son gentiles, educados, y, como
muchos jóvenes del entorno del que proceden, algo machistas. "No sabemos hacer
cuscús, porque eso lo cocinan las mujeres", aseguran al unísono. "Pero sí
podemos hacer una buena tortilla de patatas o guisados de carne", aclara Ahmed.
Ahmed y Annuar son el ejemplo de los que salen a la fuerza de
su país por la inexistencia de oportunidades laborales. Ahora, la Conselleria de
Benestar i Familia quiere que los que les sigan puedan recibir en su propio país
la formación profesional que ellos tuvieron aquí. El objetivo no es fácil.

El Periódico
M. C.
BARCELONA
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